HOMO RURALIS, ESPECIE EN PELIGRO DE EXTINCIÓN:

Buenos días, vamos a pasar el parte por el canal cuarenta. Así comenzaba una jornada de trabajo del mes de septiembre del año 2000, en la torreta de vigilancia de incendios de La Modorra, ubicada en el Monte de Utilidad Pública número 111, denominado Fuencaliente, propiedad del Ayuntamiento de Cuenca y que dista escasos 10 kilómetros por carreteras comarcales del núcleo de población de Uña, hoy día pleno corazón del Parque Natural de la Serranía de Cuenca, desde donde se tiene una vista más que privilegiada de los principales parajes de la zona como son el Embalse de la Toba, la Vega de Uña, la Fuente de las Tablas, la Muela de la Madera….

El despertador sonó a las 7:45 de la mañana, el tiempo suficiente para vestirme, tomar un café con leche caliente para templar el cuerpo y preparar la mochila con su correspondiente bocadillo, tres piezas de fruta, emisora, móvil Motorola tipo ladrillo, pero con su moderna antena telescópica, batería debidamente cargada durante toda la noche, otra de repuesto, botella de agua que se llenará de camino en la Fuente del Arenazo y los apuntes de las asignaturas suspendidas durante el primer curso de Ingeniero Agrónomo en la Universidad Politécnica de Madrid.

En las calles de Uña me esperaba mi Volkswagen polo classic, color gris, que me dejaría a los pies del cerro testigo de La Modorra hasta el paraje de la Era de las Raices, una vez aquí, la carretera desaparece y para llegar al vértice geodésico de La Modorra a la cota de 1447 (m)  hay que hacerlo andando por una empinada senda entre una muestra de los mejores pinares de pino negral de la Serranía de Cuenca que además de servir para construir las mejores vigas del Monasterio del Escorial, fueron resinados, cortados, pelados y arrastrados por barrancos y ríos por nuestros abuelos y que hoy sirven de sombra en un descanso del ascenso del vigilante forestal, a la vez que siente en sus pies la humedad característica de la juma durante el mes de septiembre, que ayudará a despertar a los primeros níscalos de la temporada, a la vez el vigilante deleita sus oídos con los primeros sonidos de la berrea de los ciervos, que se hacen escuchar desde más allá del Cerro del Toro.

Desde ese año 2000 hasta este año 2017, mucho han cambiado las cosas en el sector de la extinción de incendios, en aquellos años gran parte de los trabajadores en especial las torretas (que es donde mejor se estudiaba), eran estudiantes que aprovechaban la campaña de incendios que por entonces duraba tres meses (julio, agosto y septiembre) para conseguir algo de dinero, que complementado con la recolección de níscalos le serviría para pasar el curso con cierta tranquilidad económica.

Hoy en día los trabajadores de extinción de incendios se han profesionalizado, trabajan todo el año y las labores de extinción durante el verano se ven complementadas con trabajos selvícolas durante el resto del año. Esto genera una posibilidad de trabajo a los jóvenes del medio rural para fijar su residencia en los pueblos más pequeños de la Serranía de Cuenca y evitar en su primera fase el envejecimiento y en una segunda fase su desaparición.

Para muestra, un botón, o incluso dos, en la primera figura se expone la población por grupos de edad de mi pueblo, Uña, de acuerdo al padrón municipal de habitantes:

En esta segunda figura, se expone el crecimiento vegetativo de la localidad de Uña,  de acuerdo a los datos aportados por el Instituto Nacional de Estadística.

Como puede verse, el crecimiento vegetativo de la localidad ha sido en los años de 2010 a 2014 de  -2 habitantes y para el año 2015, -3, por lo que, no solo Uña, sino prácticamente la totalidad de los pueblos de la Serranía de Cuenca tendrán el grave problema de despoblación dentro de escasamente 20 años.

En líneas generales, el principal valor no solo económico, sino cultural y medio ambiental de los pueblos de la Serranía de Cuenca es su patrimonio forestal (si bien complementado con sus actividades agrícolas y ganaderas, todo está relacionado), cuyo principal riesgo son los incendios forestales, que con el más que demostrado aumento de la temperatura global, se convierte en un auténtico reto para nuestra generación y la de nuestros hijos.

En el siguiente gráfico, se exponen las pérdidas ocasionadas por incendios forestales en Castilla- La Mancha 2007- 2016, de acuerdo a datos oficiales de la Dirección General de Política Forestal y Espacios Naturales de la Consejería de Agricultura, Medio Ambiente y Desarrollo Rural de Castilla- La Mancha.

Como puede verse en la tabla anterior, estamos ante una media de unas 6.000 (ha) quemadas al año en Castilla- La Mancha entre superficie forestal y no forestal o lo que es lo mismo, una pérdida medioambiental irreparable.

Por tanto, y a modo de conclusión de este pequeño artículo en el blog de la Asociación Profesional de Ingenieros Agrónomos de Cuenca (APIAC), podemos decir que la provincia de Cuenca y la Serranía de Cuenca en particular se encuentra en una de las mayores encrucijadas de su historia en lo que respecta a mantenimiento de la sus pueblos, población, cultura, medio ambiente….

La respuesta a este reto por parte de las administraciones se debe de basar en saber aplicar el Programa de Desarrollo Rural de Castilla- La Mancha 2014- 2020 sabiamente, fomentando la incorporación de jóvenes agricultores al mundo rural, modernización de explotaciones agrarias, transformación y comercialización de productos alimenticios, mejorar y conservar el patrimonio forestal sobre todo para la medidas de prevención de incendios forestales, así como mejoras de infraestructuras para prevención de incendios (caminos principalmente). De esta forma, se mantendrá el medio ambiente, el paisaje rural y su cultura asociada, así como a una de nuestras especies que si bien, no se encuentra en el catálogo de especies protegidas de Castilla- La Mancha, debería incluirse, este es el homo ruralis, o también conocido como hombre del mundo rural.

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